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HISTORIA
La Liga de Mujeres Desplazadas es una organización
de mujeres de base, cabezas de familia, sobrevientes de distintas
masacres y otros crímenes de guerra, que nació hace
10 años en uno de los barrios más pobres de la ciudad
de Cartagena (Colombia). Este proceso organizativo que comenzó
con 8 mujeres; con el tiempo, abriendo espacios y trabajando en
otros barrios y municipios receptores en donde habitan mujeres
desplazadas, se ha convertido en una organización de mas
de 300 mujeres de composición multiétnica, con sedes
de trabajo en distintos asentamientos de población desplazada
de Cartagena y en los municipios de Turbaco y Carmen de Bolívar,
zona de los Montes de María.
“Nosotras nacimos buscando un cajón
para enterrar a una mujer”
Pero previo a todo nacimiento, hay un período
preliminar: Nuestra historia (aún antes de ser organización)
comienza en 1998, cuando Patricia Guerrero creyó que el
énfasis en Cartagena tenía que relacionarse necesariamente
con el delito del desplazamiento forzado en el marco del conflicto
interno armado. Al cruzar esta apuesta por centrase en el desplazamiento
como tema de trabajo, empieza la reflexión y el desarrollo
de modelos de trabajo en la relación mujer-desplazamiento,
y en este sentido, la pregunta se transforma en el ¿Por
qué la guerra desplaza a las mujeres? Pregunta que con
el tiempo evoluciona y crece para abordar temáticas relacionadas
con los efectos de éste desplazamiento ocasionado por la
guerra como un efecto de la globalización económica,
ligada a los circuitos de la economía ilegal (armas, drogas
ilícitas, seres humanos), y como lugar último, la
búsqueda de alternativas para generar formas de resistencia
desde la visión de las comunidades de mujeres.
La primera necesidad que advirtió era la necesidad de una organización
de mujeres; más concretamente una organización de mujeres desplazadas
que en aras del ejercicio organizativo como herramienta de resistencia,
fuera independiente pero que fuera apoyada por algunas organización
de carácter internacional que, con respaldo político ayudaran
a hacer visible el tema y favorecieran la formulación de estrategias
contra la discriminación que, desde su experiencia, había observado
contra las mujeres desplazadas.
De manera inicial, Patricia se contactó con Pacho Aldana, Sacerdote
que desde ese entonces hacía ya un tiempo venía trabajando por
los derechos humanos en el departamento de Bolívar, para a través
de él acceder a las comunidades. Así, asistieron a las mesas de
organizaciones sociales donde se discutía el problema del conflicto
armado y el impacto que este tenía en las comunidades, los sindicatos,
etc. Fue en estos espacios donde Patricia y otras mujeres arrancarían
lo que en un futuro se convertiría en lo que hoy es la Liga de
Mujeres Desplazadas. Con el tiempo empezaron a reunirse en los
patios de las casas y se fueron vinculando otras mujeres; fue
allí donde poco a poco se fue consolidando la idea de crear la
organización.
En aquel entonces, los límites de la Liga eran bastante claros;
no existían recursos económicos y su área se limitaba al trabajo
en el pozón; sin embargo la necesidad de crear un escenario de
acción por la restitución de los derechos fundamentales de las
mujeres se hacía cada vez más palpable; la gente no tenia medios
de subsistencia para unos niveles de vida digna aceptables y el
Estado no respondía a las necesidades mínimas para que las mujeres
desplazadas tuvieran algún tipo de ayuda consistente y duradera.
Así, el grupo de mujeres que constituían la Liga (que en aquel
entonces adoptaba el nombre de Liga de Mujeres Desplazadas por
la violencia de Bolívar) simplemente se limitaba a juntar a las
mujeres para que hablaran de sus problemas. Había que construir
un pensamiento alrededor de la comprensión diferencial de género,
sobre los derechos de la mujer, sobre la desnaturalización de
la discriminación histórica; y sobre todo, sobre la importancia
de la mujer como actor fundamental en la reconstrucción del tejido
social que termina siendo fragmentado a causa de la violencia
y el delito de desplazamiento forzado.
Así, al interior de las conversaciones en los patios de las casas,
la discriminación histórica irrumpe como el eje articulador. Como
desplazadas se sabía que había unos derechos, pero como humanas,
en parte por el contexto propio de la región y de las comunidades
en las que habitan, parecía que la violación de los mismos había
sido legitimada en la vida cotidiana. Desde estas reflexiones
es que se articulan los temas de los derechos humanos y el género;
que finalmente se constituyen en la bandera estructural de las
apuestas de nuestra organización.
Fueron 5 años trabajando alrededor del hecho de que las mujeres
tenían derechos, conversando con las mujeres sobre la necesidad
organizarse como forma de resistencia ante el conflicto armado;
mientras tanto, iniciábamos el trabajo alrededor del cuidado de
los niños y la ayuda humanitaria de emergencia. Básicamente en
organizar el tiempo para que mientras unas mujeres trabajaban
otras cuidaran a los niños.
Con el tiempo, la cobertura de la organización se amplió del
Pozón al barrio Olaya Herrera; posteriormente a Mandela y los
municipios de Turbaco y el Carmen de Bolívar. Durante este proceso,
el Programa Mundial de Alimentos se vinculó a la organización
otorgándonos alimentos por trabajo, alimentos que algunos años
después y aún hasta la fecha constituyen un recurso fundamental
para el trabajo con l@s niños en los refugios infantiles que hemos
establecido.
En el marco de la búsqueda de mayores niveles de autonomía para
la organización, Patricia recorrió varios países en busca de apoyo
internacional; así a través de una agenda de trabajo con la oficina
de Barranquilla del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR) lograron la aprobación del primer proyecto
de la liga; como es de suponer, un proyecto de fortalecimiento
organizativo que incluía la instauración de sedes locales y el
apoyo a la construcción y constitución de lo que en la actualidad
son los centros multifuncionales y los refugios infantiles.
En el año de 1999, la liga adquiere su personería jurídica, y
en la búsqueda del continuo fortalecimiento de nuestro proceso
organizativo, se lleva a cabo una reforma estatutaria adquiriendo
carácter nacional y cambiando nuestro nombre por el de: Liga de
Mujeres Desplazadas como una muestra de fortalecimiento y autonomía
organizativa.
En los últimos años, varias organizaciones de cooperación internacional
se han venido vinculando con nuestro trabajo, apoyando las diferentes
iniciativas y proyectos que se han venido formulando al interior
de la Liga.
Así, en estos años hemos logrado los resultados que usted puede
encontrar en esta página; tras años de luchas y mucha terquedad.
Contra la corriente frente al imaginario de la incapacidad de
las organizaciones de base con respecto a la ejecución de los
recursos de cooperación; y aún en muchas ocasiones con las uñas,
realizando actividades en el día a día por la restitución de los
derechos humanos de las mujeres desplazadas y receptoras. Con
una perspectiva diferencial de géneros desde el momento mismo
de la conformación de la Liga, y noche a noche, logrando mayores
niveles de integralidad.